Atención: sólo si eres más de corto que largo plazo podrás entrar en la aventura.

jueves, 15 de noviembre de 2007

UN POCO DE SEXO TELEFÓNICO.


"Si le pudiese pedir una sola cosa a Dios, y Éste me la cumpliese, sería que no hubieses sido mi hija. ¡Puta!".

Al menos mi madre ahora no sólo llamaba para decirme simplemente "puta". Lo que sí tuve más complicado fue el hablar con Susana, mi hermana:

"Azu, si necesitabas dinero podías pedírmelo a mí. O incluso a mamá. ¿O estás haciendo esto por vicio?. No te reconozco. Mamá me llama todos los días al borde de un shock cada vez que recuerda el incidente del aeropuerto".

Me estoy dando cuenta de que los aeropuertos no están siendo sitios agradables para mi persona. Pero todo me daba igual porque iba a ser la madrina de la boda de Jorge y Richard. Estaba como en una nube. Hoy no me costó nada levantarme, y ni siquiera me exasperaba la idea de un atasco por las calles, o que en el metro la gente viniese con olores particulares. Nada podía cambiar mi estado de ánimo.

En la editorial todo fue como la seda: el ordenador no se colgó nadita, la impresora, el fax, y la fotocopiadora se habían propuesto ser máquinas perfectas. Hasta mis compis estaban como contagiados por mi felicidad desmedida. ¡Dios!, tengo un problema, ¿he dicho compis?. Ya se me pasará.

Para culminar este día, por la tarde me llamó Fernando:

" Me preguntaba que estaría haciendo ahora mismo la mujer más inocente de este país. Y, de paso, me pregunto si tendrá algún plan previsto. Aunque, claro, al conocer a mi hijo, que es más joven, me supongo que yo ya no te serviré".

Me apresuré a entrar en el juego del coqueteo telefónico. Yo llevaba las de ganar, estaba en mi terreno favorito para poder llevar a cabo mi estrategia de juego: tumbada en la cama medio desnuda.
- Fernando, eres un caballero muy cabrón. Me sabes llevar. Y eso me excita tanto.
- Eso significa que yo te he dejado mejor recuerdo.
- Aún tengo tu olor sobre mi piel. Soy capaz de recordar aquel encuentro y rememorarlo en la soledad de mi cuarto.
- ¿Lo recordarías ahora para mí?- preguntó muy interesado Fernando.
- Señor, es usted un tanto impaciente. ¿No puede esperar a que nos veamos?. De acuerdo, sólo para usted mantendré un momento de teléfono erótico de Oscar.

Y me empecé a masturbar. Primero poco a poco. Rozando mis pezones con las yemas de los dedos y sin dejar de suspirarle al teléfono. Seguía bajando mientras notaba la fuerte respiración de Fernando. Él también estaba excitado:
- Señor, ¿me haría el favor de acompañarme?. Aunque sea en la distancia, con sus jadeos no me sentiría tan sola en esta fría habitación.
- Azucenita, ya me tienes a punto de ebullición. Sigue, por favor.

Derramé sobre mi cuerpo la botella de agua fría que tenía en el suelo (casualidades de la vida). El frío pronto se tornó calor abrasante. De la excitación rompí el tanga y comencé a acariciar mi clítoris muy lentamente. A medida que notaba que Fernando intensificaba los suspiros yo aceleraba mis movimientos. La situación estaba a punto de estallar y ya no podía parar. Llevé el teléfono a mi sexo. Notaba a Fernando tan cerca. Casi como si estuviese en mi cama besándome en la entrepierna, muslos, acariciándome la piel con la lengua.

El culmen llegó a la vez para los dos. Fue casi tan bueno como un contacto cuerpo a cuerpo. Estaba exhausta:
- Ha sido un señor muy bueno y esto se merece un encuentro nuevo. ¿Le parece venir a mi humilde hogar y pasar otra noche inolvidable?
- Ya me parece que estoy tardando. En cuanto me digas, allí estaré con dos botellas del más caro champán, fresas, y un fino sirope de caramelo para cubrir tu maravilloso pecho y saborearlo como se merece.
- Este fin de semana estaré tan sola en casa...
- Allí me tendrás. ¿Podrás sobrevivir el día de mañana sin mí?
- Será duro. Muy duro.
- Para mí también será un día difícil. Chao, mi pequeña diosa sexual.

Su voz por teléfono era tremendamente sensual. Me sentía tan bien que me quedé un ratito más desnuda sobre la cama. Pero la magia se rompió con mi tía Engracia:
- Hija, por Dios. Tápate algo. Imagina que entrase con un hombre, ¿qué crees que diría?
- Ay, tía, no sé lo que diría. Pero yo desde luego que sí sé lo que le haría.
- De verdad, qué envidia. Estás desatada. No me digas que te has...
- Sí, me he masturbado. Ha sido tan especial.
Fue en ese momento cuando descubrí que mi tía nunca se había dado placer en soledad. Fue todo un descubrimiento. No lo hubiese pensado de ella, y menos ahora que era tan liberal:
- ¿Y ni siquiera en estos últimos años de viuda te has tocado?
- Pues no. Ya sabes que fuimos educadas a la manera de aquellos años. Y ahora no se me pasó por la cabeza. Aunque al verte me entra curiosidad.
- Tía, es hora de que empieces a adquirir nuevos hábitos. Cuando hay necesidad y no tenemos un hombre cerca... Ven que te voy a enseñar a dos amiguitos que no te van a defraudar.

Evidentemente, esos "amigos" eran el consolador que me había comprado Jorge hace algunos años y que funcionaba a las mil maravillas, y la ducha. Nada más vibrante que un buen chorro directo al clítoris para empezar el día. O acabarlo.

No hay comentarios: