
Jorge me llamó hoy por la mañana porque ya tenía preparado el vestido que iba a llevar a su boda. Quedé por la tarde en ir a su estudio que a veces es también taller de costura.
De paso llamé a Cleofé para que se apuntase a venir y me contase sus últimos planes para colocar bien al niño en esa alta sociedad con la que se codeaba en la urbanización. Lo que más me extrañó fue que ni se lo pensó una vez cuando le propuse quedar. Vamos, es que respondió al momento. Juro que si la hubiese llamado para quedar y tirarnos por un barranco, la tía aceptaba gustosa.
Esa mañana conseguí involucrarme en el trabajo y estuve persiguiendo a mi jefe por toda la oficina. Era la mejor manera de evitar dar explicaciones a mis chismosas compañeras sobre el encontronazo con aquellos policías. Con respecto a Raúl he de decir que no lo han metido preso, y hasta podría decir que hemos ganado un "amigo". O al menos será nuestro amigo hasta que Sofía quiera.
- Sofía, ¿en serio te quieres liar con ese pipiolo?- se oía decir a Diego desde la fotocopiadora.
- Pues sí. Necesito sentirme un poco profesora. Al fin y al cabo, los polvos que haya podido echar ese infeliz no llegan ni a 10. Se le puede considerar un inexperto.
Charlas aparte, Loreto andaba de un lado para otro y con el móvil a pleno rendimiento. He de decir que todo esto lo veía desde mi mesa, la cual situé de manera muy estratégica desde el primer día que tomé posesión de mi "cargo". Pude saber que Loreto andaba muy estresada porque se había hecho unas pruebas de embarazo. Evidentemente no quería quedarse embarazada.
- Chicas, éste es un paso importante. No lo habíamos pensado. Desde luego que no se puede una tirarse al marido con exceso de copas - decía Loreto en la fotocopiadora, que ya era una segunda salita.
- No te preocupes que ya verás como no es nada - sugería Nuria.
Por lo demás la mañana no tuvo mucho más de chicha. Mi jefe, a última hora, me dijo que me tenía que quedar con él para comer porque se iba a reunir con una especie de cazatalentos literario y le iba a ofrecer nuevos descubrimientos:
- No se preocupe, Torres. Esta vez no hay gato encerrado. Quiero agilizar los trámites. Si veo algún libro que me guste, ya usted vuelve por aquí para mandarlo a los demás responsables.
O sea, que tenía que comer con mi jefe y después volver a la oficina a hacer, por lo menos, una hora extra.
La comida fue rápida y el tiempo que estuve en la oficina fue eterno. Estuve una hora escasa y estaba sola a esas horas. Una vez acabé, salí pitando. Por suerte no había traído el coche y me fui en el metro. Iba pillada de tiempo. Recogí a Cleofé, a la que noté cambiada:
- Cleo, te noto como cansada, o aburrida. No sé, te noto rara.
Cleofé casi se me echa a llorar en el coche. Me contó que había acabado contratando a una niñera interna y que dudaba de si era buena madre. Tenía una crisis en toda regla:
- Es que estoy dejando a Alvarito en manos de una desconocida que ni sabe depilarse bien el bigote. Y ni te cuento le entrecejo cómo lo tiene. Pero tiene tan buenos informes. Hasta sabe idiomas.
Me estuvo dando una brasa inacabable con el tema del niño. Para colmo no escogí bien las calles para ir a ver a Jorge y nos metimos en un atasco grande. Ahí fue donde Cleo aprovechó para contarme que no se sentía segura de ser madre. Hasta me dejó caer que ya no quería a su marido como antes. Concluyó su speech diciendo que seguro que esto era una pequeña mala racha:
- Mientras no me dé a la bebida, prefiero comentarlo con alguien como tú. Espero que no te haya sentado mal.
Llegamos tarde, como era de esperar. Eso implicaba que, con Jorge, estarían sus ayudantas que siempre llegaban a media tarde. Eran sus vecinas. Como toda vecina que se precie son cotillas y toquetean todo. Jorge las quiere mucho y no ve ningún tipo de defecto en ellas.
- Yo sólo sé que trabajan muy bien y eso me ayuda. Dales un voto de confianza, Azu.
- ¡Es que son la viva imagen del proletariado. Por Dios, qué asco! - dijo Cleofé por lo bajo.
Jorge y Cleofé nunca se llevaron bien y cualquier excusa servía para ponerse a discutir. Eran expertos en montar numeritos delante de la gente. De hecho, estas vecinas ni ocultaron sus cotillas intenciones al verlos lanzarse puñales:
- Espero que el vestido de Azu sea elegante. Y con elegante me refiero a que no la pongas de jeans. ¡Hay más mundo fuera del vaquero!.
- Lo que no puedo entender es por qué a ti Dios, en el reparto, te dejó bien situada económicamente. Si fueras famosa estarías de reina indiscutible del mal gusto. ¿Tú te has visto ese bolso que traes?
- Es lo último de Tous- comentaba hacia las vecinas Cleofé.
- Si yo fuese el diseñador de ese bolso, diría que es falso para que no me culpen por haber creado semejante mierda.
Puse un poco de paz porque ya veía que no me iba a dar tiempo a probar el vestido.
El vestido era precioso. Rojo en homenaje a Valentino, y con un escote de muerte. Me quedaba perfecto. Jorge hasta había pensado en el tipo de sujetador que debía llevar.
- Jorge, es superelegante. Pero, ¿no te parece muy atrevido para una boda?- le dije.
Jorge comenzó a explicarme todas las bondades del vestido: que si la tela era importada, que si ahora ya no se cuidan ese tipo de detalles en las bodas, que si le evoca "noche de fiesta por Venecia". Y finalizó con una frase impactante y que dejó caer como si nada:
- Además, Azu. Tú vas a ser la madrina de la boda y no puedo permitir que vayas de cualquier manera. Serás una parte importante en la ceremonia.
No sabía si llorar de emoción o preguntarle por qué no iba su madre. Pero opté por no expresar lo que sentía. Al final de la prueba no me pude reprimir. Le dije a Cleofé que fuera bajando y sacase el coche del parking. Aproveché ese momento para decirle lo orgullosa que estaba de ser la madrina de su boda.
- Tú siempre has sido muy importante en mi vida. Me has apoyado en los malísimos momentos.
De repente una idea me asaltó, y Jorge me leyó el pensamiento:
- Y tranquila. Richard lo sabe y está totalmente de acuerdo en que seas la madrina.
- Bueno, ahora sólo queda rezar todo lo posible para que no meta la pata ese día - le dije no sin cierto nerviosismo.
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